17 de mayo de 2010.
ECONOMÍA SIN RECTORÍA DEL ESTADO
La economía sin la rectoría del Estado ha llevado al país a un estado de atraso y pobreza sin precedentes en la última década. Mucha de la estadística sobre las carencias en las condiciones de bienestar de los mexicanos así lo demuestra.
Un indicador que es el fiel reflejo de lo poco o nada que hace el Estado, o el gobierno federal responsable de conducir la política económica, es el hecho de ver como funciona la economía, cuanto crece y, que tanto de ella se beneficia la población en general.
Cuando revisamos esa estadística, esos datos, esos registros oficiales nos damos cuenta que el modelo de desarrollo económico que ha seguido la autoridad presidencial en estos últimos diez años no ha funcionado: lejos de avanzar retrocedemos y la pobreza se expande como un cáncer sin control.
Cuando medimos el crecimiento de la economía por su Producto Interno Bruto (PIB), es decir, por la cantidad de bienes y servicios que se producen en un periodo determinado, normalmente en un año, entonces nos damos cuenta que el escaso crecimiento económico registrado en este largo período de diez años, de apenas 2.3% en promedio anual, no ha sido suficiente para generar ni los empleos, ni los suficientes ingresos en la población, ni las cuantiosas obras de infraestructuras que antes se construían, ni siquiera los alimentos que hoy con todo descaro importamos porque nuestro campo abandonado y sin subsidios es incapaz de producirlos.
Vivimos un estado de hartazgo. La gente, los mexicanos en general, estamos hartos de la pasividad del Estado mexicano, de un gobierno sin autoridad, sin mando y sin rumbo.
El gobierno de Vicente Fox se basó en un modelo neoliberal que no le permitió romper con los dogmas del mercado de libre competencia. Igual que Fox, fiel al funcionamiento del mercado y al proteccionismo del gran capital, Felipe Calderón tampoco ha roto con los dogmas de ese modelo. El propio gobierno calderonista, se ha vuelto enemigo del Estado rector de la economía, no ha querido intervenir a favor de los más necesitados porque el dogma del mercado no se lo permite.
En plena crisis con un desempleo impresionante como la que se presentó en 2009, el gobierno de Calderón no fue capaz de actuar a favor de los 55 millones de mexicanos que viven en condiciones de pobreza; de los casi 16 millones extremadamente pobres; no le preocupó que tres millones de mexicanos no tuvieran empleo; tampoco la situación de 13 millones de comerciantes informales. No fue capaz de que el Estado o el Gobierno interviniera para amortiguar los efectos de la crisis.
Y mientras casi todos los gobiernos en el mundo actuaban con medidas de política fiscal, como los Estados Unidos que aumentó su déficit fiscal al 13% de su PIB, por la vía del endeudamiento a través de un aumento en el gasto público para apoyar con presupuesto el seguro de desempleo de 12 millones de estadounidenses y con cientos de miles de millones de dólares para el salvamento de empresas y bancos; aquí en México, Felipe Calderón mantuvo inamovible su déficit fiscal de 1.5% del PIB; no le importó la quiebra y abandono de las empresas; le apostó eso sí a la parálisis económica (en 2009 la economía registró un -7%, no crecimos, nos hundimos), al deterioro en el bienestar de los mexicanos: en pocas palabras le apostó a la pobreza y al aguante de los mexicanos.
¿Cómo explicamos esto de romper con los dogmas?. Es muy simple y quizá ya es muy tarde para Felipe Calderón, que está terminando el cuarto año de su sexenio y podría apostar que no va a cambiar su estrategia ni su devoción por el mercado, no va a recurrir al Estado para reorientar la economía hacia un mayor crecimiento económico.
Lo que sí puedo apostar, es que si el gobierno no cambia su modelo de política económica, si no genera un alto crecimiento con suficientes empleos en el corto plazo, Calderón habrá contribuido a fortalecer la economía criminal, que hoy se ha propagado por todos los rincones del país.
El autor es economista, maestro en derecho financiero y doctorando en materia fiscal.
|